miércoles, 30 de enero de 2013

GR-300 La Senda del Genaro, contada por un Ranner.

Artículo publicado  en junio 13, 2011 por Yoku en el BLOG CRONICAS DEL BUEY HERIDO

Buscando trabajos sobre la Senda del Genaro, ( Proyecto  que evalué por encargo del Plan de Dinamización,  y por tanto tras recorrerlo varias veces, diseñé el proyecto de señalización, trabajos  que también tocaron dirigir ? me encontré con este buen relato de Yoku, que creo que hasta ahora es de los más acertados y pegados a la realidad de una ruta tan interesante como la SENDA DEL GENARO.
Desde aquí darle las gracias a Yoku y felicitarle por su trabajo,
Victor Guerra

Día 1, martes 10 de mayo de 2011.¡Por fin una previsión de tiempo estable, sin tormentas ni amenaza de rayos! Llevo semanas tratando de encontrar una pequeña ventana de buen tiempo para poder abordar esta ruta sin temor a caer fulminado y socarrat en medio de ninguna parte. La ventana se abre y yo lo tengo todo preparado. Así que aquí estoy, aparcando el coche en El Berrueco (925 m; 658 habitantes). Para ello he tomado el desvío que desde la A-1 marca La Cabrera y El Berrueco. Dejo el coche a la entrada, en una zona donde aparcar en batería. Hace fresco pero el día es luminoso. Me pongo un chaleco de soft-shell sobre la camiseta de manga corta, ajusto los trastos en la mochila, hago un repaso de última hora y me encamino hasta la Plaza de la Picota, donde se encuentra el Ayuntamiento. Desde ahí mismo ya veo un panel anunciando la ruta y aportando la información del primer tramo hasta Patones. Veo también que hay señales de GR blancas y rojas y las sigo sin la menor duda por un par de calles donde han colocado diferentes ejemplos de la tradicional cantería en granito, como un pequeño museo al aire libre. A las 8:42 llego a la iglesia, donde encuentro el primer poste indicador y seguido el primer descansadero. Comienza la Senda del Genaro.

Primer poste. Dirección Patones
Genaro: voy a por ti, majete

Los primeros pasos en una ruta en solitario son siempre emocionantes. No conozco mi camino, apenas llevo reseñas. En mis mapas sólo vienen senderos sueltos. Pero nada más comenzar a caminar me reciben estas losas de granito, el cantueso y la preciosa bruma matinal sobre el embalse. Sin duda, todas buenas señales.

¿Cómo era aquello de que el viaje más largo comienza con un primer paso?

Estoy de un humor magnífico y el camino es bonito y entretenido. Tras bajar por estos escalones se va ganando el valle en un ambiente muy de pueblo: vallas, sendas para el ganado, puertas canadienses… Se nota que es un terreno muy humanizado pero no degradado. Cruzo un pequeño arroyo por una losa entre frondosa vegetación de ribera.

Primer arroyo de los tropecientos que tuve que cruzar

En este tramo es imposible equivocar el camino. Si todo sigue así, sólo tendré que ocuparme de caminar y disfrutar, porque de lo demás ya se hará cargo Genaro…
Una mirada atrás, hacia El Berrueco

Con el vicio que tengo yo con las fotos y lo que me tientan estos predios… Pero las estampas bucólicas creo que lo merecen y no dejo de digitalizar estos instantes de realidad.
Vacas de la raza 'Genara'
Orillas del embalse de El Atazar

Estos caminos son bastante distintos a los que frecuento en mis salidas montañeras, más llenos de peñascos, picos y nieves. Pero por una vez es reconfortante (y fácil) caminar por senderos de ribera en vez de por crestas de granito. De cualquier modo mi ruta no tiene pérdida. Tengo que cruzar el arroyo de la Dehesilla en la cabecera del embalse y subir hasta la torre que se ve en lo alto: la atalaya árabe de Torrepedrera.

Almenara de los Riajales. Al fondo la Atalaya.

Nada más cruzar, los ciclistas han de seguir recto y los caminantes elegimos el sendero más abrupto de la izquierda que se introduce bravío en una ladera cubierta por jarales con afloramientos de gneis. Las vistas ahora me ponen en perspectiva el pueblo de El Berrueco y la orilla del embalse que he dejado atrás.

El Berrueco al fondo, tras cruzar el puente
Primavera en todo su esplendor

El camino es interesante, entre jaras, cantuesos y enebros. Praderíos jugosos salpican algunas zonas y sólo queda ir subiendo en dirección clara hacia nuestro primer objetivo que, poco a poco, se va viendo más cerca. Y el segundo descansadero se nos presenta a la derecha del camino. Evalúo las posibilidades de pernoctar en alguno de ellos y no me convence del todo: la zona de la mesa y bancos corridos será dura y fría; la destinada a caballerizas está con la hierba tan alta y crecida que no se podría poner ahí una tienda. Compruebo con disgusto que alguien ha abandonado una lata de refresco. Está todavía demasiado cerca de la civilización…

Descansadero entre El Berrueco y la Atalaya árabe

Muy poco más adelante un nuevo poste despeja cualquier posible duda sobre el sendero y el desvío (obligado) a la construcción árabe que domina la zona.
Mirada atrás desde el desvío hacia la Atalaya

Entre jugosos prados voy subiendo hasta la confluencia con la carretera M-133 y enfilo hacia la atalaya. Ya me he tenido que quitar el chaleco: la temperatura ha ascendido y las cuestecillas, quieras que no, te hacen entrar en calor.
Prados y enebros escoltan la atalaya
Torre árabe de Torrepedrera o de El Berrueco

Veo que tiene una escalera metálica para poder acceder, pero no lo hago. Hay una caseta cercana y supongo que esto estará gestionado por una empresa que lo enseñerará los fines de semana y tampoco me voy a meter ahora dentro. Son las 9:43, he tardado 1h (unos 4 km) en llegar hasta aquí haciendo decenas de fotos y caminando muy tranquilo.
El Berrueco y el embalse desde Torrepedrera

Pero apenas he empezado a caminar y no me puedo ir retrasando (las fotos ya me hacen perder mucho tiempo). El embalse es enorme y tengo la intención de cenar mañana en casa. Así que deshago el camino de la atalaya y retomo el Genaro, que sube hasta el cordal del Cerro Moro y desemboca en la carretera M-133, por la que no es necesario circular, porque se puede ir pegado a la verja ganadera. Pero está completamente anegada de agua y decido que es más fácil por el asfalto. 
En breve se llega a una puerta (que hay que cerrar, claro) y se llega a una zona de trabajo de madera bastante destructiva. Paso por ella rápidamente y veo el cortafuegos que indica la dirección correcta; pero hay un senderillo entre la jara que salva el desnivel de forma menos abrupta hasta que, tras otra puerta de zarzo para el ganado (¡que me encontré abierta!) desemboca más arriba del cortafuegos. Aquí es importante darse cuenta de que las bicis seguirán recto hasta coronar el Cerro Cerugea, pero los andarines debemos estar atentos a esas barandillas de madera que indican el recorrido correcto para nosotros (aquí las vi bien; más adelante no tanto).

Atención al desvío a la derecha por las barandillas de madera
Detalle del inicio del camino que debemos coger

Aquí tomamos un diminuto y entretenido sendero entre jaras y sobre pizarras que se convertirá en una constante a partir de ahora. Me extrañó encontrar la variedad pringosa de la jara (Cistus ladanifer) , ya que por la baja altitud pensé que sería toda estepa. Pero convivían ambas especies.
Jara pringosa - Cistus ladanifer

Tras un kilómetro más o menos de decidido descenso desembocamos de nuevo en la carretera, que hemos de cruzar inmediatamente, pues así nos lo indica el poste señalizador.
Chaskis sobre flores

Hice la ruta con las Chaskis 7.1 Team, sin lengüeta (¡por fin alguien quita ese maléfico aditamento que sólo trae dolores y lesiones!), con cordones especiales elásticos y con polaina integrada: sólo puedo contar cosas buenas de esta zapatilla que compré de oferta por 38 €.
Justo al cruzar la carretera Genaro nos aleja de esta maléfica vía de ruidos, prisas, estrés, accidentes y contaminación y nos interna en un senderillo que nos llevará a las soledades que buscamos. El camino está definido y no existe la menor duda: o vas por él o te engulle la jara.
¿Genaro es primo de la Jara?

El camino se mueve suavemente entre vaguadas, atraviesa dos veces un arroyuelo que discurre entre prados y algo de vegetación de ribera. A las dos horas justas, como para celebrarlo, levanto un precioso corzo macho que me maravilla con sus saltos y se pierde entre las laderas antes de que pueda siquiera enfocarlo.
Por esta zona se esfumó el corzo
Tantas fotos y luego para lo importante…
Arroyo de San Román

La subida hacia el cordal no es fatigosa, excepto que el calor es mucho más intenso de lo que podía haber imaginado. El día ya está maduro y se ha destapado como asfixiante. No hace nada de viento y el estar encajonado en estas vaguadas no ayuda precisamente a refrescarse. Pero me queda muy poco para alcanzar el cordal.

Gramíneas antes del cordal

Bien. Esto ya está. O eso creía yo. Ahora, leyendo las indicaciones de la topoguía editada no hay duda de lo que hay que buscar al llegar aquí. Pero lo que yo me encontré fue exactamente esto.
Poste en el cordal según se sube desde El Berrueco, mirando hacia la derecha

Es decir, llegamos desde abajo, coronamos y al mirar a la derecha vemos ese camino que baja del Cerro los Pies. Ahora te pido, lector, que verbalices hacia adónde tirarías tú en este momento. Espera, no lo digas aún, te voy a poner ese mismo poste, pero con nuestra vista hacia la izquierda del camino.

El mismo poste, pero según miramos hacia la izquierda

Venga, dilo ahora… Llegas de abajo, ves el poste y tiras hacia… hacia… venga, dilo en alto.
Bueno, no sé qué coño habrás dicho tú, pero yo tiré hacia la izquierda. El camino era uno y claro, sin duda posible. Llegas, ves que un sendero definido cruza todo el cordal, miras el poste, quieres ir a Patones y…

Y empiezo a tirar hacia la izquierda con la cámara en ristre.
Pizarras y Peña de la Cabra (1834 m)

Lo peor de todo es que soy consciente de que mi destino, Patones, está en otra dirección: al final del barranco, pero a la derecha, no hacia la izquierda donde me dirijo. Pero la señal es tan evidente, el camino tan bueno y todo tan claro que doy por hecho que saldrá un senderillo más adelante que me irá bajando hacia el barranco para retomar la dirección apropiada.

Abajo y hacia la derecha desemboca el barranco de Patones

Vamos, que perdido no estoy porque sé cuál es mi dirección; pero voy en otra. Insisto en que en ese momento pensé que para solventar la “caída” hacia el fondo del barranco el sendero saldría más adelante para suavizar el descenso. Por eso yo iba tan feliz…

¿Se nota que iba disfrutando?

El camino que recorre el cordal es ancho, bien dibujado, cómodo y con magníficas vistas. Pero comienzo a mosquearme… Hasta ahora las marcas son abundantes, redundantes incluso, porque comparten cartel los postes, las señales blanquirrojas del GR y los hombrecillos azules. Pero aquí pasa el tiempo y no veo ninguna.

Avanzando en dirección contraria
El cantueso, símbolo de Los Paquetes

El camino atraviesa unas colmenas donde infinidad de abejas zumban de una manera un poco turbadora. Magnífica miel de jara y enebro. No me entretengo mucho y sigo hacia arriba.
Precaución: Colmenas

Bueno, al llegar aquí, ver que estoy claramente alejándome de mi camino correcto y que no ha salido ningún sendero hacia bajo del barranco, comprendo que sin Genaro no hay Senda del y que, por extraño que pueda parecer, me he saltado la señalización.
Fin del desvío

Hago el camino de vuelta fijándome mucho a mi izquierda por si saliera algo. En la zona de las colmenas veo un senderillo, pero es sólo para el trabajo de los colmeneros. Y no hay Genaro. En total recorrí 3.6 km entre ida y vuelta hasta regresar al último poste de señalización. No lo doy por malo porque ha sido agradable y, en realidad, qué más da por dónde camine uno si lo que se trata es de disfrutar de la naturaleza y la soledad. Al llegar al poste entiendo perfectamente lo que ha sucedido: no indica exactamente a la izquierda, sino que presenta un cierto ángulo.

La hierba crecida impide ver el desvío

Esta magnífica explosión primaveral me ha impedido ver que, enfrente justo de donde se sube hay un mojón de piedra con el símbolo del Genaro. Y algo más a la izquierda, unas barandillas de madera que indican el cambio de rumbo. Tengo que decir que NO SE VEN según se sube al cordal ocultas en la vegetación. Al venir desde otro lado se me ofreció un ángulo en el que pude ver primero los listones de madera. Supongo que en otoño o invierno esto es mucho más evidente, pero cuando yo llegué ahí no se veía nada.

Genaro I, el Esquivo
Barandillas ocultas por las hierbas

Bueno, no pasa nada; menos de una hora de retraso y no me agobio en absoluto. Nada va a chafarme el día que estoy disfrutando. Pues nada, al barranco de Patones.
¿Hay que tirarse por ahí?

Se inicia aquí un bonito sendero vertiginoso que no deja lugar a dudas: tó pá bajo. Se aprecia que hay en el suelo una rodada de bicicleta. Espero que llevara bien ajustadas las zapatas (bueno, ahora se llevan discos) de freno. El suelo es de pizarra suelta y el desnivel, a pesar de las zetas, es muy simpático. Agradezco el bastón telescópico para mis renqueantes rodillas.

Zeta en el barranco de Patones

Curioso haber empezado con granito en El Berrueco, pasar al gneis al otro lado del embalse y llegar a la pizarra (¿cuarcita también?) en esta zona. Todo en unos pocos kilómetros. Misterios geológicos de nuestra convulsa Comunidad.

Dada la inclinación de la trocha la bajada se hace muy breve.
Descendiendo al Barranco de Patones
Cruce del arroyo de Patones... unas 25 veces

Nada más llegar al fondo del barranco hay que cruzar el arroyo de Patones. Trato de no hundir la pata en el agua porque no quiero mojarme los pies (calor, agua y kilómetros configuran la fórmula que desemboca en ampollas). Las dos o tres primeras veces consigo salir sequito de los vadeos. Pero a la cuarta ya es imposible. A la séptima me da igual ocho que ochenta. Veo que este tramo es común con el PR-M14, que va al Cancho de Cabeza por Peña Escrita. Yo sé que tengo que subir al Cancho, pero por otro lado. Intuyo que la ruta será circular si se parte de Patones.

El arroyo, digo el camino hacia Patones

En lo más profundo del vallecito camino y arroyo forman un todo. Dejo de preocuparme por llevar las zapatillas llenas de agua. Confío que la malla, los calcetines de tres microcapas y el calor del día me sequen sin más quebrantos. En un recodo del camino, cuando el valle se abre, desciende por la izquierda la variante ciclista, que no tiene que ir por donde yo he bajado.

El vallecito se abre
Y ya se divisa el pueblo de Patones de Arriba
Patones de Arriba

Y antes de alcanzar el núcleo del pueblo han levantado otro descansadero, en una zona bastante bonita del barranco.
Descansadero de Patones de Arriba

Llevo 3h36 caminando para unos 14.10 km. La etapa oficial son 11.6 km, pero no incluye el desvío a la Atalaya ni mi desvío por el cordal. Bueno, hasta aquí todo perfecto. Lo estoy pasando muy bien y lo único que tengo en contra es el tremendo calor que hace, acrecentado por la ausencia total de viento.

Ahora tengo que subir al pueblo y buscar las marcas de GR que adornan algunas esquinas de las bien conservadas casas. La primera vez que yo vine aquí, hace 25 años, no se parecía en nada a lo que es hoy este precioso pueblo. Vivían cinco personas y las casas estaban en ruinas. En la actualidad es un pueblo muy cuidado y muy turístico. Patones de Arriba (832 m; 511 habitantes). Hoy lo tengo todo para mí, sin el bullicio de los fines de semana. Bueno, no sólo para mí.

Gatos en Patones
Patones de Arriba

Las señales blancas y rojas están colocadas estratégicamente para llevarnos sin problema a la zona conocida por Las Eras, desde donde tenemos una magnífica vista del núcleo habitado.
Patones de Arriba, desde Las Eras

Este primer tramo por el pueblo es duro, empinado y va bordeando ruinas de casas, establos y demás. Pero pronto toma una dirección estable y nos anuncia lo que se nos viene encima: no olvidemos que de aquí al pueblo de El Atazar hay casi 1.000 metros de desnivel positivo y casi 800 de negativo. Me aguardan muchos kilómetros (16.3 km oficiales; a mí me saldrían 20) y en lo más duro y ardiente del día. Pero a eso hemos venido. No soy una damita decimonónica de fácil rubor ni un trekker-North-Face de centro comercial. Sé de qué va esto, sé que caminar es duro y que el calor y la orografía son los que son.

Es lo que me gusta.
Cerro de los Pies y Cerro de La Agualtera o Güeltera

Dejo a mi izquierda los cerros que marcaban el cordal al que accedí desde El Berrueco y tomo el senderillo agreste que nos va a conducir sin posibilidad de pérdida al Cancho de la Cabeza; no sin antes demostrar que nos lo merecemos. En la montaña todo es gratis, pero cuesta mucho. Y este calor, los 15 km que llevo ya y los 15 kg a la espalda me lo ponen difícil.

Tras dejar atrás los últimos restos del pueblo, encaramos nuestro objetivo
El camino no ofrece dudas
El reino de la jara

Un estrecho senderillo es todo lo que hay entre laderas emboscadas de jara. Una vez rodeadas las laderas de algunos cerros contemplo los vallecillos encajonados donde fluyen algunos arroyos. Es un terreno áspero, pero no exento de belleza descarnada. El camino, sin ser complicado, se hace largo. El Cancho de la Cabeza queda como telón de fondo. Veo que hay un pinar en sus laderas y me consuelo pensando en que algo de sombra me aportará cuando llegue.

Cancho de la Cabeza, nuestra meta volante

Llego a la rampa final que, sin paños calientes, se empitona y encarama descarnada entre la jara. Ay, qué fatiguitas nos manda el Señor, a mi edad…

Ladero de Calzones. Genaro en el suelo, el pobre

El desnivel es importante y el piso suelto no ayuda precisamente. Pero todo en la vida tiene un fin y sólo hay que ser constante para verlo. Desde arriba contemplo todo el camino recorrido desde Patones, al fondo del valle.

Camino recorrido desde Patones

A estas alturas el pobre Genaro tiene que estar reventao. Ahí lo veo, al chaval, tirado en el suelo recuperando el resuello.
El reptante Genaro

Entonces se alcanza el collado que se abre a las tierras de Guadalajara.
Collado

Pero las marcas son claras y el Cancho de la Cabeza está ya muy cerca. Debemos girar hacia la izquierda buscando el roquedo.
Cresta hacia el Cancho de la Cabeza
Marcas de GR y de PR en las pizarras

Tras kilómetros de senderillo, ir entre rocas afiladas se agradece. Es un tramo corto pero bonito, sin la menor complicación, apto para todos los públicos pues no hay peligro alguno.
Surgencias de pizarra y cuarcita

Llego al pinar anhelado tras 18.6 km desde la casilla de salida y 5h de andar. El calor es sofocante y los doscientos metros apenas de subida entre pinos no me consuela mucho. Pero todo cambia al acceder al Cancho de las Cabezas (1.264 m) donde el viento sopla delicioso, aliviando cualquier cansancio y horneo previo.

Pringao de crema solar en el Cancho de la Cabeza

Las vistas son excepcionales. Ha valido la pena el palizón y los 18.77 km hasta aquí. Tengo el embalse de El Atazar completo a mis pies y la sorpresa de contemplarlo tras horas de bregar con la jara me llena de buenas vibraciones.
Cancho de la Cabeza (1.264 m)

La única rabia es que no sabía que un vértice geodésico coronaba la cercanísima cima. Aún estoy dándome capones por no haber caminado los tres minutos necesarios para acceder a él. Yo que colecciono dosmiles del Guadarrama y me quedé a las mismas puertas de un hermanito menor. En fin, las vistas han de ser las misma aquí que 10 metros más arriba.
Muestro algunas de las decenas de fotos que hice, con una panorámica.

Embalse de El Atazar desde Cancho de la Cabeza
Se ve dónde dormiría esa noche, bajo las antenas blancas del Matachines

Esta zona tiene que ser genial para hacer un vivac: el anocher y el alba en este lugar han de ser tremendos. Lo malo es que es muy ventoso. Pero creo que merecería la pena.
¿Un futuro vivac?
Si quieres ver la panorámica, pincha en la imagen siguiente.

Uno se quedaría aquí horas, pero aún me queda una enorme distantacia que recorrer y encima no me sobra el agua. He hecho la tontería de no repostar en Patones confiando hacerlo en el Poblado del Atazar, siguiente objetivo de la ruta y que ya no está muy lejano.

El camino desde aquí arriba toma un cortafuegos que desemboca en una pista forestal muy definida. Las marcas son perfectas y no entraña el menor problema seguir el trazado de la Senda.

Hacia el Poblado de El Atazar

Esta pista se interna en un pinar que me protege apenas del horrible calor que vuelvo a sentir una vez he descendido del collado.
Pinar previo al Poblado de El Atazar

En una curva del camino se nos abren estas magníficas vistas sobre la Presa de El Atazar (y del pueblo del mismo nombre, tan cerca y tan lejos).
Presa de El Atazar

Las perspectivas sobre el embalse no desmerecen las que he tenido desde el Cancho hace un rato.
Embalse de El Atazar
El embalse desde las cercanías del Poblado de El Atazar

Son las 14h28;  he recorrido 21.58 km y he tardado 5h45. Llego a los primeros edificios del Poblado de El Atazar. Enseguida me doy cuenta de que no se trata de un pueblo. Está todo abandonado… Y no hay fuente. En realidad no hay nada.

Placa conmemorativa a los trabajadores de la presa

Uy, uy, uy, que esto no es lo que pensaba. Hace un calor tan intenso que no sé qué hacer. Llego a una zona con un cartel de prohibido el paso, donde parece que están las instalaciones de la presa. A su lado, unas casas abandonadas, medio en ruinas y conquistadas por la vegetación. Me meto por ahí sabiendo que están en la dirección correcta hacia donde me dirijo; pero el camino se corta y vuelvo. Veo un Genaro desdibujado en una valla de piedra. Salgo de la carretera y empiezo a investigar. Y la lío, pero bien liada.

Lo peor de todo es que encuentro el camino correcto señalizado por estas barandillas, ¡pero lo tomo al revés! Sinceramente, creo que la señalización en este punto es mala y confusa. Es verdad que yo estaba cansado y calenturiento, pero no todo es culpa mía. De manera que sigo este sendero hasta que me saca de nuevo a la carretera y se acaban las señales. Ahora sabiéndolo, lo que hay que hacer es descender por la carretera hasta ver un poste que nos indica que retrocedamos por aquí para tomar la dirección correcta; pero al llegar primero se ve esto y nadie se puede imaginar que en realidad hay que obviarlo, seguir por la carretera y luego volver por el mismo camino en dirección contraria.

El caso es que me planto en dirección contraria, en una carretera solitaria que me conduciría a los pueblos de Guadalajara y sin Genaros por ninguna parte. Entonces, con esa lógica absurda que uno despliega cuando está cansado me digo que da igual: cogeré cualquier camino que vea que sale de la carretera hacia abajo y ya me toparé luego con el Genaro más adelante, en cuanto gire en la dirección correcta. Así lo hago en cuanto encuentro una pista que me saca de la carretera y desciende al valle. Al principio no hay problema y encuentro un senderín que se mete entre los pinos en una dirección más o menos correcta (esto es, de vuelta al Poblado pero más abajo del valle). El sendero se pierde y yo ya voy en plan jungla con machete. Es un pinar tan cerrado que apenas puedo avanzar. Las zarzas y arbustos, las ramas bajas de los pinos y el desnivel hacen que vaya muy lento y sin orientación. Parece mentira que no haya aprendido a estas alturas que sin Genaro no hay Senda. No Genaro, No Bueno.

Tras hacer el tolili durante una hora y no conseguir más que clavarme unas docenas de espinas y gastar energías en salir de cada atolladero, vuelvo al punto de partida (al menos no me desorienté; coño, si tengo una brújula en el cerebro y la de veces que me pierdo…). Y entonces, de repente, ¡todo está absolutamente claro! Madre mía, qué tontería más grande. Sólo había que retomar las barandillas en dirección contraria para ver por dónde proseguía el senderín. Veo a Genaro y ya todo está de nuevo en su sitio. Pero el cansancio acumulado, el calor y la deshidratación tienen esos efectos secundarios: te vuelves tonto; o en mi caso particular: aún más tonto.

Las barandillas; mi pesadilla

Se inica ahora un escabroso senderillo que buscará el río Lozoya, bien abajo de donde me encuentro ahora mismo.
Meandro en el valle

El camino tampoco es un lecho de rosas precisamente. Pero ver marcas de Genaro me sabe a gloria.
Asperezas en el Sendero; Genaro entre las pizarras

Las vistas son interesantes a nuestra derecha. Creo que ya sólo queda bajar hasta el río.
Alrededores del río Lozoya

Y hacia él me tiro sin contemplaciones. Este GR-300 es un rompepiernas, os lo aseguro.
Venga, otra vez para abajo.

Se pasa por este praderío bastante bonito, con unos tinados al fondo. Ahora el camino se suaviza antes del último escalón hacia el río. En toda esta zona se podría pernoctar con cierta comodidad: es una zona llana y bastante separada de la civilización.

Tinados de Cerro del Molino

Ya sólo queda bajar hasta la bonita vegetación de ribera que acompaña el discurrir del Lozoya. Por la pista que se ve en horizontal vendrán aquellos Genaristas que hayan decidido recorrer el GR en bicicleta, que obviamente no habrán venido con nosotros por estos agrestes andurriales. Me aprovecharé de esa conjunción de rutas.

Bajando hacia el río Lozoya

Hay que vadear el Lozoya, aunque tengo unas reseñas que dicen que se puede cruzar por la Presa de la Parra, un poco más arriba. En cuanto llego al vado veo que me metería en agua helada hasta la cintura y que viene con bastante fuerza. No quiero empapar todo el contenido de la mochila (ropa, saco, comida…) y me apetece cruzar por la presa.

Vado del río Lozoya

La pista de BTT es cómoda y rodeada de la típica vegetación de ribera. Me encapricho de este tronco.

Ribera del Lozoya

Enseguida se alcanza la Presa de la Parra, pequeña pero muy coqueta. Antes de cruzar tomo una barrita y bebo algo. La verdad es que apenas he comido en todo el día y estoy agotado.

Presa de la Parra

Hasta que no la cruzo no me doy cuenta del desprendimiento que ha sucedido y que se ha llevado por delante todo el camino.
Presa de la Parra desde la orilla opuesta

Distingo un símbolo del GR perfectamente delineado en una de las rocas enormes que se han venido abajo. No estoy exagerando: si alguien se cae aquí se mata sin remisión. Si esta es la variante para bicis, no quiero pensar cómo se las arreglará un ciclista que venga solo. Hay que trepar por ese caos de enormes cuarcitas para recuperar el camino.
Máxima precaución al trepar por esos bloques derrumbados

Se supone que tengo que entroncar con el camino normal del Genaro que seguía tras cruzar el vado. Lo cierto es que no tengo muy claro lo que hago ni cómo, pero me meto en un espeso pinar bastante bonito sin saber muy bien cómo desembocar en el GR-300.

Pinar cercano a la Parra

Que nadie me pregunte el camino, porque francamente no lo sé ni lo recuerdo. Pero en unos cuantos giros y revueltas me planté en un sendero claro marcado como GR-88 (que tengo en la carpeta de “pendientes”) que compartirá trazado con el GR-300 hasta El Atazar. Al poco estoy de nuevo a la altura de la presa de la Parra pero bastante más arriba, y el pinar se acaba para dar paso a una zona de barrancos que hay que ir descendiendo y ascendiendo en infinita sucesión.

Saliendo del pinar hacia los barrancos
Agrestes barrancos
El terreno es duro; o yo ya estoy cansado, que también puede ser. Lo malo del camino es que parece no avanzar: desciendes hasta un arroyo, lo cruzas (metiendo la pierna en el agua congelada hasta la rodilla, quiero decir), remontas el barranco, coronas y vuelves a empezar. Lo bueno es que no hay duda en ningún momento: sólo se puede avanzar por el senderín escabroso.
Antigua construcción que represa uno de los arroyos

Geológicamente es interesante ver lo que ha preparado aquí el río Lozoya tras milenios de fluir por estos lares. Imponen un poco estos barrancos solitarios, la verdad.
Geomorfismo fluvial de cuarcitas y pizarras
Si no me equivoco, ahí arriba está el Poblado de El Atazar, de donde vengo
Zoom de la imagen anterior

Tras mucho subir para luego bajar y luego subir, etc., se llega a una zona de prados que en mi mapa se llama Silla del Lomo, y ahora al leer la topoguía llaman ‘del Moro’. Vaya usted a saber, en cada mapa viene siempre un nombre distinto, así como diferentes altitudes para los montes. En esa silla o collado hay un par de tinados cubiertos de vegetación. Ya no puede quedar mucho para el pueblo de El Atazar, que se ve pero nunca llega.

Otro barranco, otra presa, otra vez que hay que meterse en el agua

Estoy fumigao. El sol es de plomo fundido, no me ha dado un respiro en todo el día. Invierto el último medio litro de agua en prepararme una bebida isotónica. Buff, cómo la necesitaba. Las sales comienzan un festejo en mi organismo y recupero la vitalidad que me caracteriza.

Última mirada atrás

Sí, porque ya el pueblo (y su fuente) está a un tiro de piedra. Un último cruce de arroyo, el último barranco y estaré allí.
El Atazar. Sólo queda el último empujón
Cuando ya parece que nada se interpone en mi camino para alcanzar el pueblo, me encuentro que el último repecho transcurre por el riachuelo, que presenta este aspecto.

Ése es el camino. ¿Saco el machete?
Hasta los tobillos de agua y barro y abriéndome paso con el bastón entre la maleza. Genaro, colega, no me has dado más que disgustos desde el Poblado. Son las 17:55. Llevo 9h10 y 34.31 km. Llego a El Atazar (995 m; 104 habitantes).
Iglesia de El Atazar desde la fuente

Me quito la mochila, me lavo la cara, me bebo un litro y medio de agua helada y masco otra barrita. Estoy cansado de verdad, muy acalorado. Un anciano está haciendo algo con las sillas de plástico de un bar cercano y comenzamos a hablar. Le digo que vengo desde El Berrueco. “Entonces has hecho quince kilómetros“, me suelta. Miro el GPS y le digo que no, que he hecho más de 34, porque he venido por todos los senderos y barrancos. Me mira como si fuera de otro planeta (bueno, en eso acertó: vengo de otro planeta sin lugar a dudas).

 “Es que por la carretera son 15, pero si has venido por los barrancos seguro que son esos“. Charlamos un poco más y me asegura que podía haber bebido de los barrancos porque el agua es buena. Si lo llego a saber habría llenado el buche en alguno de ellos. Le pregunto cuál es la salida para ir hacia Robledillo de la Jara y nos despedimos.

La salida es bastante clara hasta el primer poste de la nueva etapa entre El Atazar y Robledillo de la Jara. Se antoja sencilla tanto en longitud como en desnivel (435 positivos y 396 negativos para unos 12.2 km). Eso sí, mi idea es parar antes para descansar y dormir. Sigo pensando que el pinar de Matachines tiene que ser la mejor opción y me pongo en marcha tras descansar un total de 20 minutos en la fuente.

Inicio de la siguiente etapa y descansadero de El Atazar

Con ganas ya de ir cerrando el día (que está siendo extenuante por lo rompepiernas del camino y el calor continuo) comienzo a avanzar por una pista forestal ancha y sin gran desnivel. Algún antiguo Genaro me saludará de vez en cuando, pero no hay duda posible.
En la siguiente imagen, que no es especialmente bonita, se ve el pueblo de El Atazar, pero en el medio de la imagen el meandro del valle del Lozoya por donde crucé y arriba de las peñas el Poblado de El Atazar. Qué lejano parece todo.

Por ahí he estado durante las últimas horas

Y entonces me doy cuenta de que esas montañas tan características no son otras que la Sierra de la Cabrera, vista desde una perspectiva nueva para mí.
Sierra de la Cabrera

Y a la derecha de mi buen camino se encuentra esta montañita que se llamaCabeza Antón (1.396 m). Yo avanzo tranquilo, sin apresurarme pero con ganas de encontrar un buen lugar donde dejar caer mis viejos huesajos y dormir. A pesar de que la tarde se va echando encima el calor no deja de sacudir bofetadas. Hay casi 30ºC. Una locura para mayo en la sierra.

Cabeza Antón

Mi camino va buscando otra de las cabeceras del embalse para cruzarlo por ahí y cambiar de orilla. Por eso se ve tan cercana ahora la ladera de Matachines en el brazo del embalse. La foto es horrible, pero es que el contraluz era insalvable.

Antenas de Matachines (1.141 m o 1.222 m, según los mapas)

El propio camino me ofrece las sinuosidades que este brazo del embalse, formado por el río Riato, me proporciona según avanzo.

Brazo del embalse
Jaras y embalse
Por el lado derecho del camino se abren los torrentes que vienen de la sierra de Ayllón y algunas cuarcitas pinchudas que forman curiosas formaciones.
Cuarcitas
El brazo del embalse cada vez se estrecha más. Es una pena que, a pesar de la belleza de la luz de la tarde, mi posición respecto al sol me impide sacar buenas fotos.

Cabezas de Valdehierro
Reverberación en el agua
El camino se junta ya con el embalse y se suaviza totalmente. Queda muy poco para cruzar a la otra orilla. A mi derecha se dibuja majestuosa Peña La Cabra, que sin llegar a los dos mil metros presenta desde esta vertiente sur una estampa muy montañera, abrupta y hermosa.
Peña La Cabra, 1.838 m

Llego al descansadero de Riato, donde paro y decido si dormir o no entre sus paredes. Como un poco de embutido y galletas saladas, consulto los mapas y decido que prefiero encontrar algo en el pinar antes que pernoctar en una construcción. Me vuelvo a poner en marcha y cruzo al otro lado del embalse por el puente, donde enseguida tomo altura.

Una más de Peña la Cabra y su cordal

Aquí se ve el descansadero del Riato y la pista tan fácil y agradable que conduce hasta él.
Descansadero del Riato

Se deja de ver el embalse y me interno en un pinar de repoblación en ladera. La pista es cómoda y apta para la circulación, pero sigo en absoluta y completa soledad. Afortunadamente.

La luz del sol se va ocultando tras el Matachines y algo de respiro tengo. Aún la temperatura es insoportable (26ºC), pero ya sólo me queda ir encontrando un lugar tranquilo y resguardado donde dejar caer la mochila.

Pinar de repoblación

Entiendo que la pista es transitable a vehículos porque veo una señal de peligro en la que hay un Genarito chorreante.
Peligro: Genaros sueltos

Por más que miro toda las laderas son muy empinadas y no veo nada que me pueda servir para descansar. Aún tendré que subir un poco más por esta pista hasta encontrar algo más o menos llano. Justo antes de hacerlo, en la curva del camino vuelvo a ver por última vez el embalse con la cálida luz del atardecer.

Atardecer sobre el brazo del embalse
Peña la Cabra entre los pinos

Miro el GPS, veo que llevo 42 km y me río en voz alta. Sólo hay una cosa más tonta que un ráner:  un exráner. No sé qué imbecilidad tenemos con esa cifra que tanto nos influye. Camino un poco más hasta que alcanzo los 42.2 km: un maratón completo (que para recorrerlo en un día y con 15 kg a la espalda no está nada mal) y doy la jornada por concluida. He encontrado un lugar muy protegido en la parte trasera de algo parecido a unas ruinas. Un poco más dentro del pinar una barrera de pizarra se levanta y me oculta totalmente del camino, aunque estoy bastante cerca. Entre las acículas del suelo se ven las hozadas de jabalíes en busca de raíces y hongos. Para bien o para mal hoy dormiré aquí.
Boomerang Pro-bike

Vista de frente

Levanto en minutos mi mini tienda, que compré en rebajas por el ajustadísimo precio de 17 € (yo soy así de contenido en mis gastos). Tenía ganas de probarla y, aunque la noche no necesitaba de refugio alguno, me apetecía dormir en ella.

Me preparo unos tallarines al queso parmesano que no me apetecen nada. Sé que tengo que comer porque el desgaste ha sido grande. Pero estoy más cansado que hambriento y apenas trago la mitad del engrudo. No me gustan mucho esos platos preparados que con agua recuperan su pretendida normalidad. Pero me obligo a comer algo de la pasta, algo de embutido, y me dispongo a descansar.

Que creo que me lo merezco.
Hala, venga, buenas noches a todos

TOODO UN RELATO DE YOKU  sobre la SENDA DEL GENARO